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El Turismo, el negocio de los paraísos

En una agradable conversación con la periodista Inma Sanchís de La Vanguardia, me llamó la atención la expresión PARAÍSO que por deformación profesional lo volqué al deseo de cada visitante, turista, cliente, a seleccionar su paraíso donde escaparse para vivir uno de sus sueños. Me gustó porque ampliaba el concepto que llevo más de diez años detallando al definir la calidad como la talla de cada cliente, es decir, como el paraíso de cada uno, obviamente en variación continua no solo por la evolución interna de las personas, sino también por las influencias externas y las sucesivas satisfacciones o desengaños de los paraísos buscados.

Domènec Biosca · 13/03/2012

Me gustó porque ampliaba el concepto que llevo más de diez años detallando al definir la calidad como la talla de cada cliente, es decir, como el paraíso de cada uno, obviamente en variación continua no solo por la evolución interna de las personas, sino también por las influencias externas y las sucesivas satisfacciones o desengaños de los paraísos buscados.

Quiero confesarles que también me gustó por la posibilidad de ofrecer horizontes positivos y próximos sin tener que esperar a entrar en un paraíso. En plural, “los paraísos” definen muy bien las distintas opciones para cada segmento de clientes que puede ofrecer un destino. Así ofreceremos “las Andalucías”; “las Barcelonas”; “los Países Vascos”; “las Galicias”, etcétera, porque encontraremos distintos y variados PARAÍSOS.
Los éxitos de los constructores – promotores de paraísos radica precisamente no solo en ofrecer solo tallas “XY”; su acierto radica en formarse para detectar la evolución de las distintas tallas deseadas de paraísos por los clientes. Aplicado a los empresarios, directores y profesionales de los hoteles y restaurantes LA PALABRA-CONCEPTO PARAÍSO considero que deberían profundizar con auto-crítica positiva y mucho humor, mirarse al espejo de la excelencia para poner en marcha “TSUNAMIS DE MEJORAS” si de verdad deseamos vender a los conocidos.
La orientación a la personalización en las relaciones con los clientes nos facilitan encajar las ofertas con las expectativas generadas. Para conseguirlo les recomiendo que se formen en el uso de las tecnologías que les permitirán saber con antelación y al milímetro todos los detalles del paraíso de cada cliente. Con la ayuda de unos profesionales formados en la gestión de las emociones de los clientes conseguirán salvarse de la subasta actual de precios en este mercado de oferta galopante, súper competitivo, inmediato y global, donde debemos evitar intentar vender a desconocidos porque al no conocernos nos exigirán precios de subasta.
La gran solución para evitarlo es conseguir ganar la apuesta por los paraísos que provocarán “clientes satisfechos” reconvertidos en recomendadores proactivos y felices tanto en su entorno como a través de las redes sociales.
Aún recuerdo cuando hace más de diez años explicaba estos cambios de mentalidad y se me premiaba con el dicho “Biosca, esto es utópico y teórico”. Ha hecho falta que llegara el vendaval de la crisis financiera para instalar la mentalidad de cambio que convierte lo teórico y utópico en vigente.
Ojalá esta reflexión fruto de una conversación donde surge la palabra paraíso ayude a los lectores a querer ser Promotores de Paraísos.