Cada día vemos que muchas empresas, ante momentos de crisis, como el
que todos estamos sufriendo, no dejan de hacer una y otra vez lo mismo
que han venido haciendo cada vez que las “vacas flacas” han aparecido.
Estas medidas, pasan por: recortar personal, cortar de raíz los
presupuestos de formación y exigir a los empleados que les quedan, un
máximo rendimiento, sin tener en cuenta una serie de factores clave que
comentaré más abajo.
Si lo analizamos en profundidad, tenemos que admitir que recortar gastos, es sin duda, una acción necesaria en ciertos momentos, el problema aparece cuando esta acción no va acompañada de otras, o cuando los gastos que se recortan son los que pueden producir rentabilidad al negocio.
Quiero pensar, que estas acciones se toman esperando resultados conocidos y no diferentes, es decir, reducir al máximo los costes para que los ingresos no sufran en demasía. Pero... ¿qué ocurre con generar más negocio? ¿Donde están las acciones que nos llevarán a vender más y mejor, a fidelizar a nuestros clientes, o a retener el verdadero talento?
Cada vez que hago estas preguntas a algunos empresarios, suelo encontrar como respuesta: “es que no hay más negocio” “es que la tarta la tenemos que repartir entre todos” No les voy a quitar la razón diciendo que los tiempos que corren son los mejores, pero en mi afán de contribuir a la sociedad, creo que debo hacerles al menos, reflexionar sobre lo siguiente:
Hay una frase que personalmente me mueve, que resume gran parte del comportamiento emocional que nos lleva a tomar unas u otras decisiones: “Si no lo creo, no lo veo”. El concepto puede resultar simple, pero tiene mucha más profundidad de lo que en un principio pueda parecer.
Ocurre a veces, que las grandes empresas, olvidan qué fue lo que les movió cuando emprendieron el negocio: el entusiasmo, creer en su potencial, la creatividad, la diferenciación, la pasión y el simple pero importante hecho de creer que lo conseguirían.
Al punto de reflexión donde quiero llegar, es que si pensamos que algo no va a suceder, sencillamente no sucederá y el responsable de que no suceda es que no “moveremos un dedo” para que suceda, por lo que tomar medidas que NO nos lleven a la ACCIÓN, son solo medidas “a medias” y no nos proporcionarán el resultado que deseamos.
Tras esta reflexión, que considero que no hará mal a nadie, quisiera explicar qué marca la diferencia entre tomar una mala decisión o tomar una decisión más acertada: El factor fundamental es el estado emocional en el que nos encontramos a la hora de tomarla.
Daniel Goleman, entre otros, nos demuestran, tras años de investigaciones que la parte cognitiva del perfil del “Profesional 10” solo representa el 30% de su potencial, siendo el 70% restante la Inteligencia Emocional. Sin embargo, seguimos empeñados en formar, en entrenar, en enseñar a utilizar únicamente el razonamiento y la lógica en lugar de ocuparnos de desarrollar y potenciar el área emocional.
Creo que es hora de que despertemos, de que empecemos a hacer cosas diferentes, de que nos entrenemos desde la cúpula y de que formemos a nuestros recursos humanos en lo que realmente puede marcar una gran diferencia en nuestros resultados.