No es harto difícil encontrar a trabajadores cuyos primeros días de
trabajo son verdaderas torturas. Cuanto más avanzamos en lo que
llamamos una sociedad de tecnología, menos importancia damos a la
necesidad de guiar a aquellos que comienzan en un nuevo puesto. Se
considera que una vez practicada la selección y la contratación del
candidato, ya no hay nada más que hacer, abrimos la puerta, le
enseñamos su despacho y le deseamos buena suerte o, como mucho, le
damos explicaciones que pueden durar medio día y nos damos por
satisfechos. Hemos cumplido ¿o no? , y …¿qué ocurre con esta actitud?
Pues que nos encontramos ante una situación donde las equivocaciones y
los errores se convierten en el día a día del nuevo trabajador
contratado con las consiguientes consecuencias para clientes,
compañeros y para el propio trabajador, hasta que a fuerza de la
práctica, consigue la guía que no obtuvo desde el principio.
Por más sencillo que parece un trabajo una guía siempre es necesaria,
ya que prestar atención durante unos días a todo aquel que comience en
un trabajo, nos ahorrará por seguro futuros sinsabores, errores de
difícil solución, nos ayudará a obtener un mayor rendimiento y el
trabajador comprenderá que realmente se encuentra dentro de una empresa
donde los trabajadores importan y donde se toma muy en serio todo
aquello relacionado con la misma.
Establecer como parte fija de un departamento a una persona para que
sea el encargado de formar a todos aquellos que comiencen en el mismo,
que ejerza de “Formador” durante los primeros días crea los siguientes
beneficios:
1º En el nuevo trabajador se minimiza el estrés del comienzo de un cambio en su vida profesional, sabiendo que tiene quien le guíe y una referencia cuando existen dudas en la acción a emprender.
2º La empresa, al haber tenido en cuenta la importancia de que
exista un “Formador” de los nuevos empleados, da una imagen de empresa
seria y preocupada por que todo siga unos estándares, reduciendo al
máximo los posibles errores que por ignorancia en la manera de trabajar
puedan producirse.
3º El “formador” a su vez puede estudiar al nuevo empleado y a
la hora del paso del periodo de prueba, dar su opinión acerca de la
capacidad del mismo evitando un posible futuro despido en el caso de
que las expectativas que sobre el trabajador se tenían, no se hayan
cumplido.
Como se puede ver todo son beneficios y el mínimo inconveniente es que
el “Formador” pueda reducir sus horas de dedicación a su trabajo
habitual mientras guía al nuevo trabajador, pero las ventajas son
superiores con mucho a los inconvenientes.
Nadie deja comenzar a un trabajador dentro del ambiente industrial sin
un previo plazo de enseñanza; se le indican los peligros de la
maquinaria que va a utilizar, cómo usar el botón rojo en el caso de
emergencia, se le dan todos los elementos necesarios de protección, y
se está con el nuevo técnico el tiempo necesario hasta que haya
entendido cómo utilizar la maquinaria sin peligro para él o para otros
y sabiendo cuál es su parte dentro de la cadena de producción.
Entonces, si tomamos todas estas precauciones con un trabajador dentro del ámbito de la cadena industrial, ¿por qué no aplicamos estas mismas pautas para aquellos que, sin tener
un trabajo donde se manejen maquinarias, también pueden producir
errores por falta de suficiente conocimiento de lo que se espera de
ellos? Los errores a que esta falta de formación/introducción nos
lleva pueden ser, si no graves para la integridad física, sí para la
integridad de la empresa que intenta en todo momento que se mantengan
unos estándares en la forma de dar servicio a sus clientes.
Pongámonos ante un escenario real, en España las empresas de servicios
como la hostelería ocupan un tanto por ciento muy elevado, y a través
del servicio que aportamos a los clientes de otras nacionalidades
exportamos la imagen de nuestro país y el nivel de preparación
profesional de nuestra gente. Entonces, por qué no procurar un poco de
tiempo al personal que se va a hacer cargo de representarnos y damos la
imagen de empresas serias con una base fuerte, preocupadas por el
servicio de primera.
Sin embargo, en la mayoría de las veces contratamos personal que el
mismo día comienza con sus funciones tras un breve periodo de
explicación que no supera unas horas acerca de un programa o dónde se
encuentran las dependencias o a dónde tienen que acudir en caso de
necesitar algún tipo de aprovisionamiento. No conocen la filosofía de
la empresa, qué se espera de ellos o cómo han de realizar su trabajo de
forma que se siga una consistencia en el mismo en relación con sus
compañeros de más experiencia. Y esto es aplicable a cualquier otro
tipo de escenario empresarial.
Simplemente una persona por cada departamento o zona de trabajo que
durante el tiempo estipulado esté ayudando, formando y apoyando a la
nueva incorporación ahorrará muchos problemas, malas imágenes,
explicaciones y errores a veces de difícil solución porque al cliente
lo hemos perdido.
Un “Formador” a su vez puede formar a otros con el fin de que el peso
de esta formación no recaiga siempre en él y para tener una posible
futura sustitución en el futurible caso de que abandone la empresa.
Un formador crea un nuevo trabajador que puede hacer un trabajo divino y no simplemente adivinar su trabajo.
Begoña Campoy, Directora de Recursos Humanos del Hotel Hilton Valencia